(diario 16).Nunca dejarán de haber mujeres de oferta, de trocadero, callejón y jarana. Pero más allá de sus negocios y la manera en la que los llevan dentro de diminutas prendas entre avenidas, calles y viejas quintas o callejones, para hablar de prostitución en Lima y hacerlo bien, debe uno conocer cierta investigación, rigurosa además. Hablamos de Guía secreta, barrios rojos y casas de prostitución en la historia de Lima, de Roberto Prieto Sánchez -arquitecto de profesión e interesado en la materia. Lo que comenzó como un ensayo urbano de estas llamadas casas de tolerancia, terminó por ser una investigación histórica y sociológica. En palabras de Gonzalo Portocarrero, podemos hallar a través de los testimonios una bohemia que ya no existe y en la que bellas mujeres bailaron con tacones baratos entre las primeras trompetas de esa salsa dura, durísima. “Eran noches de tragos, mañanas de cebiche y tardes de bencetazil reforzado un millón doscientos mil”, comenta Jorge Vega “Veguita”, haciendo énfasis en una época en la que ‘no existía el Sida’, sino solamente el mambo, habitaciones de corralón y hasta verdaderos amores de una sola noche, pagados, eso sí. Acaso todo tiempo pasado fue mejor y la música con la que estas mujeres embrujaron a nuestros abuelos vuelve a escucharse con el libro entre las manos y ante el material fotográfico e increíbles mapas de barrios que fueron arrasados por el tiempo e incluso la policía.
A Prieto le interesaba ver de cerca el crecimiento urbano de Lima, pero solo hallaba una ciudad señorial y religiosa, como si a eso se limitara La Horrible. Ya cuando se pregunta dónde ocultaban esas noches interminables, es que este libro comienza sus mil y un narraciones. Su investigación se centra en los barrios rojos, primero de 1900 a 1928, época de una prostitución desperdigada y posterior al desmurallamiento de Lima. Incluso había zonas bajo el puente Quilca, o en la Portada de maravillas en Barrios altos. Ya en el año 28 las autoridades concentran a las prostitutas en la calle 20 de setiembre en La Victoria, (después la inolvidable Huatica y hoy Renovación). Del 28 al 56 la policía establece un barrio rojo a las afueras de La Victoria. Pero Lima crecía endemoniadamente y estos “lupanares” ya eran parte de la ciudad. Por lo mismo terminarían en canchones de la Av. México, pero los cerraron en el 66, cuando Lima contaba ya 5 millones de habitantes y su crecimiento voraz era más que una certeza. La prostitución tomaría otros rumbos como el Callao o volvería simplemente a desperdigarse. Muchas de estas casas,o su recuerdo, se hicieron legendarias, pero siguiendo el proceso urbano del placer, terminaron en otra forma de edificación, popular e indiscriminada: la del hostal fosforescente o el corazón de avenida donde el placer se presiente como el mismo tráfico entre veladores apolillados o camas desvencijadas. Imperdible y prostibularia joya bibliográfica la que ha hecho Prieto, para los amantes de historias sucias y maravillosas. No deje de leerla, o poseerla.



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